¿cuántas nuevas habilidades más tendrán que adquirir los arquitectos?

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Imagen tomada de: http://www.bsarethinkingarchitecture.com

En este post...

Cómo la carrera por mantenernos actualizados anula nuestra capacidad de pronosticar lo que sucederá a futuro... Cómo la revolución digital nos exige adaptarnos y aprender competencias y habilidades fuera de nuestra profesión, sugiriendo transformaciones en la manera de percibir y pensar la realidad. La profesión es bastante compleja, pero esta no es excusa para mantenernos enfrascados en el mundo arquitectónico. Hay que ser conscientes que es necesario seguir aprendiendo aquellas habilidades que fortalezcan nuestra actividad proyectual, pero cada vez se vuelve indispensable aprender habilidades que están fuera de nuestra disciplina. Esto nos ayudará a ser profesionales integrales, poder actuar en colaboración con otros cambios y quizás el aspecto más importante, lograr emprender acciones de liderazgo que transformen nuestro entorno.

Pero... Acumular mucho conocimiento no es suficiente...

Tengo la certeza que para emprender una acción hay que primero saber pensar. El problema está en que existen tantas ideologías o corrientes de pensamiento en arquitectura, que si nos alineamos a alguna es gracias a que un profesor durante nuestra carrera infundió en nosotros alguna convicción. Pero hasta ahí no hemos aprendido a pensar, simplemente continuamos replicando lo aprendido. Se puede considerar necesario aprender a constituir las propias bases filosóficas para dar lugar a un proyecto arquitectónico, sea éste teórico o proyectual. Los centros de pensamiento sean universidades, academias o institutos nos ayudan ofreciéndonos un cobijo conceptual para no tener que realizar este trabajo por nosotros mismos, y esto está bien para muchos.

Yo me considero inconforme frente a las propuestas convencionales sobre cómo pensar la arquitectura, que aunque son formas efectivas y logran producir buena arquitectura, son demasiado racionales, no nos ayudan a afrontar la incertidumbre, ignoran que la época contemporánea se constituye de una nueva racionalidad, es decir una forma de pensamiento que integra la creatividad con la lógica, la intuición con el conocimiento comprobable. Es reconocer que existen formas alternativas de pensamiento más subjetivas pero válidas. Hasta que no se reconozca que existen otras formas de producir conocimiento, el arquitecto seguirá afanado correteando tendencias, pero no inventándolas. Allí no puede existir innovación.

Existen formas alternas de pensar la arquitectura, pero no logran difundirse de manera más amplia. Me refiero a trabajos académicos que cuestionan procesos proyectuales establecidos y se desplazan fuera de la frontera de cada disciplina. Un ejemplo de esto se puede encontrar en este enlace donde se mencionan experiencias que involucran una forma experimental que produce innovaciones espaciales, como es el ejemplo del arquitecto B. Fuller que mediante la colaboración de los estudiantes de la escuela Black Mountain logra experimentar y poner a prueba sus ideas sobre la cúpula geodésica, al tiempo que sus estudiantes aprendían. En este caso, B. Fuller logró liderar un proceso que generó una importante innovación espacial a través de una concepción estructural, ser un pensador prospectivo que le permitió adelantarse a su época y marcar una directriz sobre el rumbo que podía tomar la arquitectura, inspirando a otros e impulsando un movimiento vanguardista.

Pero no todos los arquitectos logran ser líderes excepcionales en este campo. No todos logran idear sus propia metodología que logre introducir innovaciones en procesos constructivos, en concepciones estructurales que generan nuevas espacialidades. Qué es lo que limita a los arquitectos? Seguramente no es la falta de creatividad. Creo que el mayor obstáculo es no saber gestionar nuestra propia capacidad creativa y esto requiere de conocimientos que están fuera de nuestra disciplina. Más adelante en otros post desarrollaré este tema.

Imagen tomada de: http://impactosocialdelasnuevastecnologias.bligoo.com.co/

Los ya conocidos cambios a los que se ha enfrentado nuestra sociedad superan nuestra capacidad de pronosticar el futuro. La profesión de la arquitectura no ha estado al margen de los cambios que suceden, aunque los procesos de evolución histórica de la arquitectura son más lentos si los comparamos con la evolución de otras disciplinas. Lo cierto es que la arquitectura se ha venido transformando de manera profunda, algunos edificios contemporáneos nos demuestran que la profesión realmente ha evolucionado, mientras que otros nos recuerdan que paradigmas de otras épocas aún nos gobiernan. Somos conscientes de la necesidad de aprender, adquirir nuevas habilidades para fortalecer nuestra actividad proyectual, pero nos enfrentamos a la limitante del tiempo. Cómo dar un paso adelante si el esfuerzo por permanecer actualizados consume una gran cantidad de tiempo? Las posibilidades de adquirir nuevo conocimiento y habilidades se reducen.


Imagen tomada de: http://visual.ly/evolution-architectural-visualization

Estas transformaciones profundas en la sociedad hacen que los arquitectos y arquitectas tengamos que adaptarnos a desafíos cambiantes, teniendo que aprender sobre la marcha cómo responder a situaciones más complejas. Las escuelas de arquitectura ofrecen una formación en cuanto a un saber hacer específico, pero no a la manera de superar o resolver problemáticas cada vez más complejas. Quizás no siempre fue así, la comodidad y estabilidad de épocas pasadas hacía que los arquitectos tuvieran la sensación de certeza sobre lo aprendido, las enseñanzas heredadas y las maneras de hacer parte de una tradición que era necesario transmitir a otras generaciones de manera repetitiva, sin cuestionamientos. Si la disciplina de la arquitectura ha evolucionado lentamente, más lento aún ha sido la evolución en los procesos de enseñanza en arquitectura.

Especializarse? diversificarse? hay una posición clara sobre qué opción asumir? Más allá de proponer discusiones que probablemente no aclaren ningún panorama, creo que es importante y además urgente, aprender a pensar. Establecer principios, criterios y directrices que den curso a las propuestas por idear. Es cierto que muchos arquitectos de la historia y actuales se han dedicado a escribir primero antes que a construir, como una manera de organizar el pensamiento, establecer una base fundamentada para generar su discurso propio. Aún cuando existen formas de trabajo colaborativo donde el arquitecto ya no figura como líder de su discurso, de todas maneras es necesario saber pensar la arquitectura que responda tanto a los desafíos actuales así como también considerar las habilidades propias de la persona que proyecta, que son diferentes y diversas entre todos los arquitectos.

Existe un conocimiento específico por dominar en nuestra disciplina que resulta bastante complejo compaginar, como lo es la construcción sustentable, el bioclima, los nuevos materiales y tecnologías, implantación, conceptualización, formas de representación digital, comunicación, presupuestos de obra, mediación y diseño centrado en el usuario, entre otros, son temas que exigen una constante actualización. Si pensamos que añadido a tantas temáticas que componen en esencia nuestra disciplina, trata de imaginar cuántos conocimientos quedan por fuera pero que hacen parte del día a día de la profesión, y que son conocimientos necesarios no solamente para hacer buena arquitectura sino para ser profesionales integrales.

Me refiero a aquellas habilidades que por el hecho de vivir en esta época es necesario saber... algunos hablan de programación, otros hablan del márketing digital, entre otras miles de opciones. Otros se centran en temas que hacen parte de la arquitectura y que no se enseña en la academia, haciendo conteos sobre las posibilidades amplias que por el hecho de ser arquitecto permiten trabajar en casi cualquier cosa. Básicamente en esta profesión cabe casi todo, la biotecnología, la filosofía, la física, si lo pensamos es posible relacionar la arquitectura con cualquier campo del saber humano.

Imagen tomada de: http://www.esan.edu.pe/

Lo importante de esta reflexión es reconocer que ya hay un cambio de paradigma funcionando, que los procesos de enseñanza son los que más lento se adaptan a estos cambios y que es importante diseñar un propio mecanismo para afrontar la complejidad y las múltiples órbitas de conocimiento que hay que aplicar sean propios o foráneos de nuestra disciplina. Cada quien puede establecer rutas de aprendizaje porque cada quien conoce sus puntos fuertes, frente a esto no hay una receta única ni una fórmula salvadora.

Debido a la incertidumbre provocada por los cambios acelerados, y la complejidad que se acrecienta, los arquitectos tendrán que dominar la ciencia y arte de las soluciones improbables, ilógicas, emergentes, abductivas, todo lo que tenga que ver con el sistema de pensamiento creativo que hace parte de la nueva racionalidad, para dar respuesta o solución a los desafíos que se presentan. Me rehúso a pensar que los arquitectos somos simplemente personajes al servicio de las ideas de otros, somos capaces de crear nuestras propias ideas, podemos crear, incluso inventar, dar forma a la sociedad, liderar y generar otras formas de habitar que nos permitan reconciliarnos con nuestro entorno y con el otro.

Aunado al hecho de saber pensar la arquitectura está la habilidad de comunicar, poder escribir, dominar la palabra y la oratoria, tener la capacidad de conmover, de contar una historia que más que convencer para vender, busca lograr una real transformación. Es lo que me inspira a tomar acción, a expresar mi punto de vista, de demostrar que detrás de las habilidades hay un ser pensando la arquitectura. No alcanzo a vislumbrar cuál será la tendencia en arquitectura, pero me aproximo a pensar que en un futuro la arquitectura corporal será una necesidad imperante. Es una necesidad difícil de justificar, porque se encuentra latente, silenciosa pero en la historia de la arquitectura y el arte pueden encontrarse algunos indicios de personas que buscaron una arquitectura más sintonizada con las necesidades corporales. Provocar una relación estrecha entre el ser humano y el espacio arquitectónico ha sido un tema que ha surgido desde la antigüedad.

Pensamiento corporal como propuesta

Parte del proceso de indagar y descubrir cómo pensar la arquitectura, propongo el pensamiento corporal como un complemento a la valiosa formación y las habilidades que durante la carrera y un ejercicio profesional, un arquitecto alcanza a desarrollar. Esta propuesta surge de reconocer que la arquitectura ha sufrido las consecuencias de un excesivo racionalismo que lastimosamente deja de lado la vivencia y experiencia del espacio para concebir el espacio como algo meramente funcional. El pensamiento racional puede ser equilibrado con el pensamiento corporal, con cómo vivimos el espacio y las posibilidades aumentadas de interacción que provoquen una experiencia más intensa, poder encontrar un espacio propio el cual habitar y ser parte de él.

Esto me lleva a proponer el pensamiento corporal como una habilidad que pueden desarrollar los arquitectos, siendo necesario acercarse a profesiones como la danza, el teatro y el arte que nos permita entrar en contacto con nuestro propio cuerpo y reconocer la subjetividad como fuente de conocimiento. Es un método para estimular la creatividad, para encontrar balance entre la vida profesional como arquitectos y las otras facetas de nuestro ser en este mundo. Es un itinerario por preguntas que rompen con las lógicas tradicionales. Es una manera de contrarrestar el exceso de información para lograr producir conocimiento desde la propia experiencia del contacto directo con el espacio. Es una perspectiva ética, porque permite considerar al ser humano como ser orgánico, que necesita del mundo físico y que por más que nuestro mundo se vuelque a lo digital, sigue siendo importante diseñar para provocar una experiencia, para estimular los sentidos, para evocar sensaciones y emociones.

Cómo pensamos la arquitectura?... la pensamos en base a referentes? en base a lo que es conocido? durante la carrera resulta bastante difícil tomar consciencia de la idea preconcebida de lo que debe ser la arquitectura, hasta poco a poco aprender a hacerse una propia idea de cómo pensarla, cómo generar nuestras propias aproximaciones a diversos temas. Considero que una alternativa al sistema de crear en base a casos referenciales, es contar con mecanismos de pensamiento corporal, para indagar dentro de las lógicas de lo que nuestro cuerpo necesita, es así como el trabajo corporal conduce a la experimentación para dar forma al espacio. Esto puede suceder desde un espacio académico que siembre y sea un campo de cultivo de ideas por explorar y fortalecer. Pienso que las academias deberían convertirse cada vez más en lugares para la experimentación. Y existen escuelas que están asumiendo este reto, pero ese será un tema para otro post.

Para concluir...

El paquete de las habilidades que puede necesitar un arquitecto y que no se enseñan en la universidad academia instituto o escuela pueden estar relacionadas con el mundo digital, como el marketing o el mundo físico como el pensamiento corporal, la capacidad de comunicar como la escritura, la oratoria y la narración de historias, la capacidad de idear desde la investigación y la experimentación, la gestión de la creatividad hasta inteligencia emocional toda esta serie de habilidades por desarrollar e incluso puedes encontrar muchas más.

En vez de ser idealistas y esperar aprender una lista interminable de habilidades diversas, la que considero principal y más necesaria es la de saber pensar la arquitectura, con una perspectiva enfocada en lo corporal. Un arquitecto es ante todo un pensador, alguien capaz de anticiparse y liderar procesos de transformación. Aprender las habilidades necesarias es importante, pero saber pensar es la más importante y es lo que no se enseña. La práctica, la experiencia y los cuestionamientos constantes, la curiosidad insaciable son formas de aprender que surgen de una motivación y convicción interna.

La capacidad creativa nos hace líderes en un mundo donde la innovación se ha vuelto importante. Es una capacidad que nos permite destacarnos, aunque aún persiste la pregunta por cómo gestionarla. Es un primer paso tomar conciencia del valor de las habilidades que como arquitectos tenemos, dedicarnos a producir edificios está bien, pero son las ideas las que tendrán mayor alcance para contribuir a la evolución de nuestra disciplina y para también influir en las maneras de habitar el espacio mediador entre el entorno y el ser.

Para saber pensar la arquitectura propongo aprender la habilidad del pensamiento corporal, que podría tomarse como aprender a concebir el espacio en contacto con el propio cuerpo. Intuyo puede ser una necesidad que la arquitectura puede solventar, con la cual se transforme tanto los procesos proyectuales como la manera de construir y de habitar. Esto es sólo una propuesta en construcción, pero es lo que me motiva a escribir, dibujar e idear.


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